Iceland

Islandia (II): Reykjavík

Volamos al aeropuerto de Keflavík, a unos 45 minutos en autobús de Reykjavík. Es un aeropuerto pequeño, del estilo del de Valencia, y por tanto, nos podemos olvidar de paseos por pasillos infinitos hasta llegar al control de pasaportes.

Allí me preguntaron por primera vez en mi vida cuánto tiempo iba a estar en el país. Quede esto como demostración de lo poco que he salido de Europa (es decir, ¡nunca!). Tras coger la maleta, fuimos a buscar información sobre Islandia y Reykjavík. Hay un puestecito de información turística en la entrada del aeropuerto, cerca de donde se compran los billetes del FlyBus, que es el autobús que va a Reykjavík. En el puesto pudimos encontrar mapas hasta hartarnos, ¡gratis!. Compramos los billetes sin ningún problema con nuestra tarjeta de UK y nos subimos corriendo al autobús.

Los mapas están bastante detallados y con información más que de sobras para un primer acercamiento a Islandia. Sorprendentemente, hay varios puntos marcados con… ¡fantasmas y trolls!, pero ninguno estaba dentro de Reykjavík ciudad :-(

El viaje se hizo corto. La observación de las peculiaridades de ese país nos tuvo muy entretenidos: terrenos rocosos y oscuros, con aspecto de haberse derretido (volcánicos, intuyo), con grandes grietas que los atravesaban aquí y allí y cubiertos con capas de nieve como si fuera azúcar glas, no dejaban de recordarme a una gran tarta de chocolate. Sería porque ya eran las 15h, quizá.

Bónus

¡Y no olvidemos una cadena de supermercados baratos llamada Bónus y cuyo logotipo contiene un cerdo rosa con pinta de haberse tomado un tripi!

En la estación de autobuses de Reykjavík, también llamada la BSI, nos cambiamos a un autobús más pequeño que hacía ruta por la ciudad e iba dejando a los viajeros en los hoteles. Realmente pudimos comprobar más tarde que la BSI estaba a dos pasos del centro, al igual que el aeropuerto de Reykjavík en sí. Sí, se puede ir andando a ambos sitios desde el centro. Para que veáis lo pequeño que es.

Una vez ya dejamos la maleta en ca David Corral, nos dedicamos al noble arte de buscar algún sitio para comer. Eso, y sacar dinero. Kronas, que le llaman allí. Casi todas las monedas tienen algún pez, como podéis ver en esta página. (No he encontrado enlaces a billetes, pero tenían un aire a curso de punto de cruz bastante fuerte.)

Mientras deambulábamos por allí, encontramos cosas curiosas como esta especie de esqueleto/escultura de barco vikingo:

viking sculpture

O esta farola con forma de flor:

flower light

Tras comer/merendar/cenar, buscamos un sitio que nos había recomendado David, el Kaffi Barinn. Acabamos en un tal Barinn, que estaba en La Calle principal, preguntándonos si ese sería el que buscábamos (no lo era), aunque no estaba mal. Era un poco psicodélico, en el sentido de que las luces del techo eran unos leds que iban cambiando de color (al estilo de las lámparas Mathmos), pero la música estaba bastante bien. Curiosamente, como la mayoría de cafés, ofrecen wi-fi gratuita, así que había un grupo de chicas con sus portátiles, tomándose un café, chateando a ratos y hablando sobre myspace (¡era lo único que pudimos entender del islandés!).

(Es curioso que pronunciaran maiespeis; no sé como lo diréis en España, pero la última vez que dije aipoz la gente me miró como diciendo “pero tía, se dice ipod“, y he escuchado unos cuantos yo-u-tube en lugar de yutiub.)

Toda la gente que nos atendió hablaba inglés, quizá influya que en Islandia no se doblan las películas, como mucho se les ponen subtítulos en islandés. O quizá es que quieren vender y se han puesto las pilas. Observé especialmente el afán vendedor con el uso de las tarjetas, ya que permitían la Maestro (una tarjeta de débito, equivalente a la VISA electrón) que tenemos nosotros sin rechistar, mientras que a veces en otros países ponen un mínimo para poder cobrarte con Maestro.

Al volver al piso, mr.doob me dijo lo que parecía una broma pesada: se han perdido las fotos. Yo estaba en modo marmota, adormilada en el sofá y me desperté del susto. ¿Que se ha perdido qué? Y no era una broma pesada… de alguna forma extraña, todas las fotos de la cámara habían desaparecido, como si alguien las hubiera borrado. ¡Creo que fueron los fantasmas de los mapas!

Sumidos en la depresión, él se fue a dar un baño y yo me volví a dormir. De repente me desperté y recordé la máxima informática: los datos están ahí hasta que no escribes de nuevo sobre ellos. Y me di a buscar algún programa para recuperarlos. Afortunadamente conseguí encontrar uno y pudimos rescatar el magnífico video del aterrizaje en la nieve y todas las fotos que nos han acompañado hasta ahora. (Cuando dije: ¡he recuperado las fotos! sonaba tan a broma pesada que él tampoco me creía, obviamente :-))

Finalmente, vino David de su maratón de horas extras en el trabajo y estuvimos de chácharing hasta altas horas de la madrugada (la una), momento en que se decidió por unanimidad que ya era suficiente. Y todos a dormir.