Iceland

Islandia (V): hielo y nieve

Arnanes house

Al despertar pudimos confirmar definitivamente que si no estábamos en un decorado de Heidi, le faltaba poco. También pudimos comprobar, porque me olvidé la cámara en el coche, que las temperaturas bajo cero no le sientan nada bien a la batería, que marcaba tan sólo 5 minutos (en realidad le quedaba una hora).

Nuestro anfitrión, que era también el dueño de Arnanes, sorprendió a mr.doob cuando iba a por la cámara, blandiendo una botella de leche y señalando como diciendo ¡el desayuno! ¡venid!

Por supuesto, dado que no habíamos cenado y que todas estas cosas de salir al campo y a la naturaleza inspiran a mi pituitaria, acepté gustosamente la invitación, que resultó ser mucho más gustosa de lo que imaginaba. Entramos en la caseta de Información, que realmente era también el restaurante (pero que de noche no se apreciaba) y nos encontramos dos mesas con todo tipo de vianda y bebida, para que nos sirviésemos nosotros mismos. Así a bote pronto y lagunas mentales aparte, había: cereales, de varios tipos, leche (de soja y normal), café, agua caliente, una caja de “surtido de variedades de té” para poder elegir, jamón, pepino, huevo duro, una especie de roastbeef en rodajas, mantequilla, mermelada de varios tipos, pan de molde y una tostadora, y zumos varios.

Y cuando ya estábamos pasmadísimos, surgió el hombre con un bloque de queso emmental con fantástica apariencia y un cortaquesos, y nos enseñó como usar dicho utensilio. No habíamos visto antes un cacharro como ésos y la verdad es que me pregunto ¿cómo podemos vivir sin él? El útil en cuestión permite cortar rodajas finas del queso de una forma muy limpia y cómoda. De alguna forma se parece a una maquinilla de afeitar, pero para quesos.

Tremendo Emmental. Con la afición cuasi-obsesiva que tienen en UK por el cheddar, creo que hasta el emmental sabe un poquito a cheddar en Londres. Qué bueno estaba el de Arnanes, estábamos los dos: “¡qué bueno está el queso!”.

Tras aquel fantástico desayuno, nos fuimos raudos y veloces a emprender la vuelta y ver todo aquello que no habíamos podido ver el día antes porque se hizo de noche. Una de esas cosas que no habíamos visto era que la carretera tenía bastante nieve, lo cual nos impresionó (¡¡hemos estado conduciendo por encima de la nieve!! ¡El coche podía haber patinado!).

snowy road

Las vistas desde la carretera eran bastante impresionantes también:

far glazier

Aquí cabe insertar una conclusión a la que llegué de por qué está todo tan mega seco: porque el frío que hace mata toda la vegetación. El conductor de autobús que nos llevó al Blue Lagoon fue el que dio la pista, diciendo que en verano (cuando no hace tanto frío) todo está mucho más verde “it has colour! lots of colour!”.

Jokulsarlon

Nuestra siguiente parada era Jökulsárlón, un lugar espectacular. Es un lago formado a partir de glaciares que se están derritiendo, y desemboca en el mar, que está a pocos metros. Hay montones de icebergs flotando por esas aguas y por haber, ¡hay hasta focas!

Jokulsarlon

Cruzando a la parte que desemboca en el mar nos encontramos con un extraño paisaje, una playa de arena negra, cubierta de enormes pedazos de hielo.

Jokulsarlon - iced beach

Era un poco complicado pasear por esta playa, por aquello de tener que pisar sobre cachos de hielo, como se ve aquí:

Pero que sepáis que finalmente si que pude pasar por donde dice mr.doob que no podría.

Tras el éxtasis de la playa de hielo, nos dirigimos hacia el parque nacional de Skaftafell, para ver qué encontrábamos por allí. Supuestamente queríamos ver la cascada Svartifoss, pero había dos sendas, una a la izquierda (que iba a la cascada) y otra a la derecha (que iba al glaciar). Como sólo vimos gente viniendo de la derecha, nos metimos por ésa.

El resultado no estuvo nada mal. Fuimos a parar a un glaciar llamado Skaftafellsjökull, y hay que decir que las señales de advertencia eran muy acertadas e hicimos bien en seguirlas: cuanto más te acercas al glaciar, más inestable y peligroso es el terreno. Tiene apariencia de ser suelo firme, un simple montón de arena negra, pero por debajo sólo hay una capa de nieve y un trozo de hielo fino que se quiebra fácilmente y luego … ¡agua muy fría y profunda!

No es que cayéramos en ninguna sima, pero pudimos ver algunos trozos quebrándose al pisar por encima. Tampoco nos acercamos demasiado (viva la prudencia), pero sí lo suficiente para poder ver parajes extraños como éste, a los pies del glaciar:

glazier

Un poco a la izquierda vimos un agujero que parecía ser la entrada de una cueva. Nos acercamos y en realidad era una especie de cueva de hielo. En realidad estaba abierta por la parte de detrás, pero podíamos estar de pié allí dentro.

ice cave

Mucho resguardo no ofrecía, porque, especialmente en la entrada, goteaba terriblemente mientras se deshiela, formando esta especie de estalactitas de hielo que se puede ver en la siguiente foto, con el glaciar de fondo:

Ice cave entrance

Hay que decir que entre foto y foto teníamos que ir con la cámara en el bolsillo dándole calorcito, para que la batería no se congelara y durara un poco más.

Cuando acabamos de ver aquello ya eran las 14 así que nos propusimos parar a comer y a poner gasolina en los primeros sitios que pudiésemos encontrar. Lo de poner gasolina era especialmente algo que nos preocupaba, dado la de kilómetros que teníamos que hacer y la escasa cantidad de gasolineras que podíamos encontrar. Paramos en una que estaba cerrada (es decir, no había nadie en la gasolinera) pero cuyo surtidor, que sí estaba encendido, decía que aceptaba tarjetas. Lamentablemente no quiso aceptar nuestra Maestro así que nos tocó continuar. Tuvimos suerte en una gasolinera Shell, que si bien también estaba cerrada, al menos sí aceptó la tarjeta.

Con el depósito lleno, sólo nos faltaba llenar el estómago. Tardamos unos 100 kilómetros hasta encontrar un sitio habitado, otra gasolinera con restaurante-bar una vez más. Bueno, llamarle restaurante-bar es poco. Allí vendían de todo, desde películas a productos de limpieza o alimentación, y mientras estuvimos comiendo pasó una gran cantidad de gente, pese a lo que pudieras esperar de un sitio perdido en la nada. Debía ser el punto de encuentro.

Por pasar, pasó hasta el guardia que nos paró el día anterior, esta vez de paisano. ¿Es pequeño Islandia o no?

No nos quedaba ninguna otra parada hasta llegar a Reykjavík de nuevo, aparte de cambiar de conductor y de luchar contra una tormenta de arena que se desató así de repente y nos hizo pensar que aquello era el fin del mundo. Qué apocalíptico:

Hacía fresquito por las zonas que recorrimos:

minus 8 degrees

Al llegar a Reykjavík, fuimos a cenar a un sitio que tenía un nombre demasiado largo para que yo lo recuerde. Casualmente, estaba allí la misma mujer que vino con nosotros en el avión, con las pinzas de depilar de tapadillo.

Y finalmente, nos despedimos de Reykjavík en el verdadero Kaffibarinn, que no era el que habíamos visto el primer día. Se ve que el cantante de Blur, Damon Albarn, es co-propietario de este café. Y por supuesto, también tenía wifi y había gente con sus portátiles y sus asuntos. Y si David nos hubiera dicho que la entrada del café tenía un signo al estilo del underground, ya lo habríamos encontrado el primer día, ya.

Fantástico swiss mocha que me tomé. Hmmm… y yo que pensaba que me había dejado el café ya para siempre…

A la vuelta a Londres, al día siguiente, parecía que había llegado ya la primavera. ¡12 grados! ¡Qué calor!

Y esto (salvo omisiones involuntarias) fue todo. Hay que volver…